Lo que podría parecer un simple incidente urbano es, en realidad, el último eslabón de una cadena de abandono social y fallos estructurales. La tarde del martes, una pasarela peatonal de madera situada sobre el arroyo Santillán —vital conexión para vecinos de Vélez-Málaga y Rincón de la Victoria— fue consumida por las llamas. Bajo la estructura, vivía un hombre con síndrome de Diógenes, ahora detenido por la Policía Nacional como presunto responsable del incendio.
Detrás de esta historia de humo y madera quemada hay una verdad mucho más densa que el hollín que ennegrece los restos del puente.
Un puente entre municipios, un hogar para nadie
La pasarela, parte de la Senda Litoral impulsada por la Diputación de Málaga, no sólo servía como vía de paso para cientos de vecinos de Chilches y el extremo oriental de Rincón de la Victoria. Era también el refugio de un hombre cuya vida se desmoronó tanto como las vigas que lo cobijaban.
Según fuentes municipales, el detenido sufría síndrome de Diógenes y vivía bajo el puente entre cartones, ropas viejas y residuos acumulados. Un improvisado hogar en una infraestructura pública. Fue allí donde, presuntamente, encendió una pequeña hornilla para cocinar. Minutos después, el fuego se propagó, incontrolable, entre las estructuras de madera seca.
El foco de la negligencia: pobreza e invisibilidad
La investigación abierta por la Policía Nacional trata de esclarecer si fue una negligencia o un acto fortuito, pero los indicios señalan a una realidad incuestionable: la existencia de personas invisibles para el sistema, que sobreviven en condiciones insalubres y peligrosas sin ningún tipo de control ni acompañamiento institucional.
“Esto no ha sido culpa del Ayuntamiento, sino una consecuencia de una negligencia o vandalismo. Ahora será la Policía quien lo determine”, declaró el concejal de Infraestructura de Vélez-Málaga, Jesús María Claros (PP), quien también confirmó que ya se ha contactado con la empresa que fabricó el puente para valorar su reparación o sustitución.
Infraestructura dañada, sistema dañado
El incendio no solo destruyó gran parte del puente, obligando a su cierre indefinido, sino que afectó además a una bomba hidráulica de Axaragua. El sistema eléctrico quedó comprometido, y fue necesario desplegar operarios de emergencia para sustituir el cableado.
Este suceso pone en tela de juicio la capacidad de vigilancia y asistencia de las autoridades municipales y provinciales en áreas de paso público, especialmente en puntos vulnerables o con antecedentes de ocupación irregular.
¿Y ahora qué?
Las autoridades han anunciado que intentarán acceder a subvenciones de la Diputación para restaurar la pasarela lo antes posible, pero el daño estructural y simbólico ya está hecho. La Senda Litoral, pensada como un proyecto turístico y de movilidad ecológica, hoy refleja una grieta más profunda: la de un sistema que permite que una persona viva durante semanas o meses bajo una infraestructura pública sin ser detectada ni auxiliada.
Mientras se calcula el coste de las reparaciones, lo que no se puede medir es el costo humano de una sociedad que normaliza la marginalidad hasta que esta prende fuego.






