Padres y alumnos se concentraron esta mañana frente al centro una semana después de una primera denuncia ante la Delegación de Educación que, aseguran, sigue sin respuesta
Un grupo de padres y madres de alumnos de 3º de Primaria del colegio Nuestra Señora de la Candelaria, en la barriada de Benagalbón, volvió a concentrarse esta mañana a las puertas del centro para denunciar las condiciones en las que, según relatan, se están impartiendo las clases en dos aulas del centro desde el inicio del curso. A la protesta se sumaron tanto familias de 3º B, cuya clase ocupa el aula con las deficiencias que se detallan más abajo, como de 3º A, cuyos alumnos están siendo escolarizados en la biblioteca del centro, también en condiciones de hacinamiento, según denuncian los propios padres. A la concentración se sumó además la hermana de una alumna del colegio, que tomó la palabra en representación de los propios menores.
Se trata de la segunda denuncia pública de las familias en apenas una semana. Según explicaron los propios portavoces, hace unos días ya trasladaron una denuncia similar y acudieron personalmente a la Delegación Territorial de Educación en Málaga para exponer la situación de las aulas. Desde entonces, aseguran, no han recibido ninguna respuesta oficial y los problemas denunciados —lejos de solucionarse— continúan exactamente igual, lo que les ha llevado a convocar esta nueva concentración.
Según explicó Marta, delegada de clase presentes en el acto, las familias han presentado escritos tanto ante la dirección del colegio como ante el AMPA, la propia Delegación Territorial de Educación —al frente de la cual está Miguel Briones— y la Inspección educativa, sin obtener hasta la fecha una respuesta que aclare cuánto tiempo se prolongará la situación. Los portavoces afirman haber solicitado también el informe técnico que debería acreditar la seguridad del aula de 3º B, documento que, sostienen, no puede existir porque el espacio no cumpliría los requisitos mínimos exigidos por el Real Decreto 132/2010 para centros educativos.
Entre las deficiencias señaladas, los padres citan un cuadro eléctrico situado junto a la entrada del aula y sujeto con bridas a la reja de una ventana. Según denuncian, el cuadro carece de las protecciones necesarias, lo que a su juicio supone un riesgo real de electrocución para los menores o de cortocircuito en caso de entrada de humedad o agua. A ello se suma la ausencia de extintor en la clase. Denuncian además un grado de hacinamiento que, según relataron tras una reunión mantenida el pasado día 15 con la tutora del grupo, obliga a los alumnos sentados en dos de las cuatro filas de pupitres a pasar por encima o por debajo de su mesa para poder salir, ya que solo el alumno situado al final de cada fila tiene acceso directo al pasillo.
Las familias afirman haber constatado también, durante esa misma visita, que las humedades del aula —que según indican habían sido repintadas por el conserje del centro días antes de la llegada de un técnico de Educación— seguían activas, con desprendimientos de pintura visibles tanto en el techo como en las paredes laterales. A ello suman, según su testimonio, fisuras y desperfectos en los azulejos de un cuarto de materiales contiguo al aula.
Uno de los puntos de fricción con la dirección del centro, según los portavoces de las familias, es el acceso al acta de la reunión inicial del día 15: la dirección habría respondido que no está obligada a facilitar actas de reuniones internas del colegio, algo que los padres rechazan por considerar que se trata de información vinculada a la educación de sus hijos. Los promotores de la protesta indicaron además que, el día anterior a la concentración, recibieron una respuesta por escrito de la dirección en la que se sostiene que el aula se encuentra en buenas condiciones; las familias remitieron una contrarréplica, con fotografías y material audiovisual, tanto al colegio como a la Delegación de Educación, mostrando su disconformidad.
«Miradnos bien, porque esto no acaba aquí»
En su intervención, la hermana de una de las alumnas del aula —a la que se refirió como Lena— habló en representación de los dieciocho compañeros de clase de la menor. Denunció lo que calificó de «absoluta e imperdonable falta de empatía» por parte de la dirección del centro, a la que acusó de no haber recibido a las familias ni escuchado sus peticiones. «No estábamos pidiendo un favor, sino exigiendo los derechos más básicos», afirmó, antes de agradecer el apoyo recibido por parte de otras familias, docentes, vecinos y la delegada de clase. La joven cerró su intervención asegurando que la protesta continuará «por Lena y por todos ellos» hasta que se resuelva la situación del aula.






